martes, 2 de febrero de 2010

CRONICAS DE UNA RESACA


Cuando despierto en una cama que no es la mía o en la banca de un parque puedo sentir un poco de frío, pero jamás arrepentimiento. Camino tranquilo hacia mi casa porque sé que no he ofendido a mis amigos sino sólo a los mediocres de siempre que buscan en mis palabras una piedra para abrirse el cráneo. Mis bolsillos están vacíos porque no he escatimado ni un solo peso: no se puede beber con calma mientras se cuenta dinero. He invertido mi dinero en la destrucción de mi cuerpo, suelo decir a mis amigos que sólo de verme saben que no les he mentido. No ahorraré para comprar una casa que después de mi muerte ocuparán extraños, ni tampoco seré un viejo que ha ahorrado unas monedas para vivir dignamente: moriré sin un peso en la bolsa como debe hacerlo cualquier hombre que se respete.

No hay comentarios: