sábado, 27 de junio de 2009

DIAS COMO NAVAJAS


Siendo joven dividí en partes iguales el tiempoentre los bares y las bibliotecas; cómo me las arreglaba para proveerme demis otras necesidades es un misterio,
Bueno, simplemente nome preocupaba demasiado por eso-si tenía un libro o un trago entonces no pensaba demasiadoen otras cosas- los tontos crean su propioparaíso.en los bares, pensaba que era rudo, quebraba cosas, peleabacon otros hombres, etc...en las bibliotecas era otra cosa: estaba callado, ibade sala en sala, no leía tantos libros enterossino partes de ellos: medicina, geología, literatura yfilosofía. Psicología, matemáticas, historia, otras cosas meaburrían. Con la música estaba más interesado en la música y enla vida de los compositores que en los aspectos técnicos...sin embargo, era con los filósofos con los que me sentía en hermandad:Schopenhauer y Nietzsche, incluso aquel viejo difícil-de-leer Kant;encontré que Fadanelli, bastante popular en aquella época,cojeaba y era aburrido; con Hegel realmente tenías que escarbarlo, sobre todocon una resaca; hay muchos de los que leí de los que me he olvidado,quizás con buena razón, pero recuerdo un tipo que escribió unlibro entero en el que probaba que la luna no estaba allíy tan bien lo hizo que después pensaba, estáabsolutamente en lo cierto, la luna no está allí.¿cómo cresta va un muchacho dignarse a trabajar8 horas al día cuando la luna ni siquiera está allí?¿qué otra cosaestará faltando?y no me gustaba la literatura tanto como los críticosliterarios; ellos sí que eran verdaderos aguijones, esos tipos usabanun lenguaje refinado, hermoso a su manera, para llamar a otroscríticos, otros escritores, unos huevones. Mesubían el ánimopeor eran los filósofos quienes satisfacíanesa necesidadque acechaba en alguna parte de mi confuso cráneo: vadeandopor sus excesos y suvocabulario cuajadoaún me asombrabansaltaban hacia míbrincabancon una llameante declaración lúdica que aparecía seruna verdad absoluta o una puta casiabsoluta verdad,y esta certeza era la que yo buscaba en una vidadiaria que más bien parecía un pedazo decartón.qué grandes tipos eran esos viejos perros, me ayudaron a atravesaresos días como navajas y noches llenas de ratas; y mujeresregateando como martilleros del infierno.mis hermanos, los filósofos, me hablaban como nadievenido de las calles o alguna otra parte; llenabanun inmenso vacío.Qué buenos muchachos, ah, ¡qué buenos muchachos!sí las bibliotecas ayudaron; en mi otro templo, los bares,era otra cosa, más simplista, ellenguaje y el camino era diferente...días de bibliotecas, noches de bares.las noches eran todas parecidas



menfhysto

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es la mejor cagada q ha salido de tu dañado o nulo cerebro





angus

Anónimo dijo...

tengo universidad, intento una maestría, y no se tanto como tú . . . Felicidades